Etiquetas

, ,


Toquemos este tema de las fases del ser y creo que sea una buena reflexión para combatir no sólo la depresión, sino lo corrosivo de la mediocridad. Primero hay que resaltar que no me refiero a las máscaras que el ser humano suele desarrollar a medida que crece en un entorno social. De estas máscaras del ser, otro tema importante, hablaremos después.

Tampoco propongo el descuartizamiento del ser humano a la manera de la dicotomía entre un cuerpo y un alma en la cual el cuerpo es la cárcel del alma y la muerte una liberación. Este punto no entra para nada en esta exposición y defiendo la unicidad del ser como piedra esencial para la construcción de este pensamiento.

Todo esto es especulativo, por supuesto, pero la reflexión puede afectar a bien el ánimo.

En el conocimiento del ser humano podemos encontrar unas ciertas fases, como capas tiene el globo terráqueo, cuya profundización es necesaria hacer para ganar el debido conocimiento. Es posible intentarlo en el otro, pero es más útil intentarlo en sí mismo. Quien se conoce a sí mismo, tiende a dominar los sentidos y a ejercer un control especial sobre el ambiente que le rodea (ver a Sócrates).

Las capas o fases serían el cuerpo, la apariencia, los conceptos propios, la mente, el ser y el ser profundo.

El cuerpo

Discusiones sobre el cuerpo son muchas. Por lo general tiende a ser visto como un obstáculo al intelecto, a la espiritualidad y al dominio de sí mismo. ‘La carne es débil‘, acusan las religiones. Otras filosofías lo tienen por caprichoso, objeto del instinto animal.

En nuestro mundo moderno occidental se tiende a un sensualismo tal del cuerpo que muchos buscan un modelo ideal a imponer en su propio físico, lo que crea un riesgo porque hay varias cosas que debes saber que el cuerpo es cambiante, frágil y tiende al deterioro al cabo de los años.

Nunca hoy como antes se le había dado tanta importancia al cuerpo y a la vez se le critica tanto: para los fundamentalistas es sede de la vanidad. Para quienes viven el cuerpo como sede del placer, es necesario aprovecharlo al máximo en sus capacidades.

Ambos son extremos peligrosos. El cuerpo en cambio es más importante de lo que estas dos posiciones se imaginan.
El cuerpo es la vida misma.

Todo aquello que llamas tu vida comprende la vida física de tu cuerpo desde el momento en que las células sexuales se unen hasta tu último suspiro. Es posible que después de tu muerte haya alguna forma de seguir viviendo a través de la conciencia o en alguna forma incógnita posible, pero de eso no estamos seguros. En cambio estás seguro de tu cuerpo vivo, que cumple todas sus funciones biológicas de manera normal y que te permite entrar en contacto con tu entorno social y con el mundo. No somos espíritus. Todo nuestro hacer incluye nuestro soma, cuerpo, físico, nuestras manos, pies, sistema digestivo, nervioso, sangre, corazón, cerebro. Por lo tanto despreciar el cuerpo, es despreciar la vida.

La apariencia

Esta puede ser confundida con las máscaras que ya mencioné, pero no es así. La apariencia es el avatar de los hindúes y budistas. La manera en la que aparecemos al mundo y a la sociedad. Sin duda está ligada al cuerpo y todas las fases del ser son una sola cosa. La apariencia puede ser consciente o inconsciente. Quien hace consciente su apariencia, tiene mayor ventajas que quien no lo hace. Pero quien manipula su apariencia, la desvirtúa.

la apariencia no es sólo la visión del físico. Esta tiene que ver muy especialmente con aquello que los demás ven de nuestro ser. Muchas veces la idea que generamos en otros es errada y es porque se da una ruptura en el mutuo conocimiento. Incluso personas que pueden vivir por años juntas, pueden crear apariencias erradas de su propio ser en otros.

Es posible preguntar a otros sobre qué piensan, sobre lo que ellos creen soy yo. Es sorprendente descubrir que hay personas que piensan cosas que ni siquiera se nos pasa por la mente. Muchos conflictos de relaciones parten de este punto.

También es necesario armonizar tu apariencia. Esta debe ser armónica con la apariencia de los demás. Esta no puede estar ligada a la idea del modelo del cuerpo. Tu cuerpo podría no ser precisamente el de un modelo convencional, pero tu apariencia puede estar por encima de dicho modelo.

Los conceptos propios

Más profundo que la fase de la apariencia, muchas veces por fuera de nuestro alcance, nos encontramos con los conceptos propios. Estos tienen que ver con lo que pensamos que somos y lo que pensamos de los demás. Igual que la apariencia, es posible tener conceptos errados. Muchos de estos conceptos errados – no todos – son llamados pre-conceptos. Hay pre-conceptos válidos y hay pre-conceptos dañinos. Una manera de descubrir un pre-concepto es a través de un examen de la razón. ¿Por qué pienso en esto? ¿es demostrable? ¿y si fuera errado?

Los conceptos son billones en nuestro ser y se desarrollan desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte. También como el cuerpo y como la apariencia, mutan con las décadas, pero tardan en hacerlo. Podríamos sorprendernos de todos los conceptos que hemos mutado durante toda nuestra vida. Ideas que teníamos por sagradas en nuestra adolescencia, hoy no las consideramos válidas. El problema es que en muchas ocasiones no hacemos consciente que los conceptos mutan, cambian y nos aferramos a ellos.

La mente

El misterio de la mente es fascinante. Conocer la mente es conocer un cosmos de posibilidades. Esta es una fase aún más profunda y maravillosa. Pero la mente es vulnerable. Puede ser objeto de enfermedades, agotamiento e invadida por conceptos errados y auto-destructivos. Aprender el desarrollo de la mente debería ser una materia esencial en toda escuela. Dominar la mente es signo de poder y auto-control. Dejar la mente como sede del vicio es errado y tiene un impacto social muy negativo.

El ser

Entonces llegamos al ser. El que existe. El sin el cual no somos. Por el cual existimos. El misterio oscuro, silencioso, sin espacio, sin tiempo. Hacia él vamos.

El ser profundo

A este llegamos sólo con la meditación profunda sobre cada fase de nuestro ser. Pero no sabemos cuándo llegamos a este estado. Quien cruza la frontera entre el ser y el ser profundo mira todo de otra manera y los demás le miran extrañados.