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He llamado esto “la fuerza del momento”, porque pensarlo te llena de energía verdadera. Muchos extranjeros vienen a un país como Camboya en búsqueda de algo nuevo, algo diferente. Hablo almenos de los occidentales, es decir, de aquellos de Europa y las Américas. Sin embargo, aunque lo intentan, de pronto terminan construyendo su pequeño mundo occidental en este sitio y entran en contraste con la cultura. De pronto los camboyanos les parece poco pragmáticos, peresosos y difíciles de entender. Empiezan a gritar y a exigir cosas. Se tiran todas las buenas intenciones.

En contraste, ves a los camboyanos que sonríen siempre.

Un amigo de España me compartía que a un paciente depresivo su psicólogo, que conocía India, le recomendó un viaje a ese país. La terapia fue perfecta. El paciente regresó a Madrid y le dijo que se había impactado especialmente de aquellos que viviendo en tanta pobreza, parecían conservar una plenitud de la vida.

¿Cómo es posible que países pobres como Camboya, India o incluso América Latina, conserven esa alegría, esa como dicha de la vida en medio de la adversidad?

La respuesta es “la fuerza del momento”.

El aquí y el ahora

En occidente vivimos una dicotomía del tiempo. Estamos siempre entre el pasado y el futuro.

¿Habéis visto a esos que se sientan en el metro por las mañanas? Todos divagan entre el pasado y el futuro. Piensan en los problemas del ayer y viven en la casa del mañana. Miran pero no ven, oyen pero no escuchan. Cada uno va pensando en lo que tiene que hacer cuando llegue a la oficina, a la escuela, al mercado, en los problemas que dejó en casa, en las cuentas por pagar.

Uno de esos hombres vino hace poco a Camboya. Era un enfermo terminal, un italiano. Se quería dar su último viaje a un país exótico como Camboya. Pero en el hotel no hacía sino llamar a Milán, poner cosas en orden, cómo había estado la reunión, citas, reuniones, agendas, llamar a este y a aquel. Le quedaban pocos días, pero su mente y su corazón seguía en su oficina y su negocio y no vio a Camboya. Ignoró las caras sonrientes y pacíficas, el sol tropical, el mar azul de Sihanoukville. A esta hora está muerto y murió sin presente.

La idea de la felicidad está en encontrar el presente. Es el único que nos porta a la maravilla del ahora. El ahora es lo único que realmente es nuestro. Lo único que tenemos entre nuestras manos. El pasado es muerte y el futuro es ilusorio.

Lo pasado no regresa. Allí radica el sentido de perdonarnos a nosotros mismos. Quien no se perdona a sí mismo, encuentra difícil entender a los demás.

Perdónate en este momento… dí que te perdonas de todas tus faltas pasadas y si algún rencor queda con otro, a la menor oportunidad pedirás perdón o que te perdonen. No vivas en el pasado. Si vives en él serás siempre nostálgico o nostálgica y entonces no podrás conocer el futuro. No tendrás futuro.

El futuro es ilusorio. Hay que soñarlo y desear siempre un mejor futuro. Hay que tener preparados los derroteros de la vida, tu proyecto de vida. Hay que mirarse siempre hacia el futuro, qué seremos en cinco, diez, veinte años… Incluso cómo deberá ser nuestra muerte. Pero no podemos vivir en el futuro. Nadie sabe lo que sucederá esta noche.

Vive tu presente. Tu instante. Tu momento. Allí radica tu fuerza, tu sabiduría, tu energía, tu punto de apoyo.